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Medicina Deportiva

El Dolor en el Deporte

Sabemos que el ejercicio causa algún discomfort o estado de dolor muscular en la mayoría de los individuos, sin importar a veces el grado de aptitud física.

El dolor es un contenido de consciencia del organismo. La referencia que tenemos del dolor es lo que sentimos. Y todo lo que sentimos proviene de una decisión de nuestra red neuronal. Todo tiene una intencionalidad o una propuesta en relación a la conducta. Arturo Goicochea (neurólogo)

En  general, un deportista es más tolerante al esfuerzo físico, pero no al dolor. El dolor marca los límites: de la zona de seguridad biológica a la zona de incertidumbre y más allá, a la de peligro de daño.

Surge entonces, la importancia de reconocer las distintas variantes de dolor: el “dolor bueno”, que es sinónimo de beneficios desde el punto de vista del deporte en sí mismo, y el “dolor malo”, el cual puede predisponer o dar lugar a una lesión o condición más seria.

El dolor es el diálogo que se establece entre el cuerpo y nuestro propio yo, para informar de que algo no va bien.

La mayor queja de los corredores iniciados en este deporte son las rodillas. Una fatal combinación de músculos débiles, sobrepeso y mala técnica hace que esta articulación sufra más de lo debido, y empiece el dolor.

El problema empieza en los pies. Si no hay un apoyo correcto, el impacto de los pies contra el suelo 180 veces por minuto hace rozar la rótula contra el fémur, desgastando el cartílago, tensando los tendones y los músculos, y provocando una postura aún peor.

Los dolores musculares pueden ser ocasionados por una gran variedad de actividades musculares; pero entre las causas más frecuentes están: Movimientos en contra de la gravedad o impulsos hacia adelante como correr cuesta abajo, bajar barras con pesas y la fase de descenso al hacer abdominales o sentadillas.

Dolor bueno y dolor malo

El llamado dolor bueno es conocido como la incomodidad o molestia muscular que surge como parte del ejercicio y el rendimiento atlético.

 La fibra muscular para mejorar, debe ser sometida a un nivel de stress superior al habitual: este incremento del estímulo es percibido como el “punto de incendio” del músculo. Dicho “punto de incendio”, denominado dolor bueno, es la base de la popular frase: “No pain, no win” (no duele, no ganas).

Su principal característica es que aparece durante o inmediatamente después del ejercicio. Causado por fatiga muscular, debería disminuir con unos pocos minutos a un par de horas de descanso.

Dolor malo

Por su parte, hay dos grandes áreas generales a tener en cuenta cuando definimos el dolor malo. Una es secundaria a la fatiga y al sobreentrenamiento, y la otra es el dolor que es específico a un componente particular del sistema músculo esquelético. La fatiga que se extiende por horas o inclusive días después del ejercicio indica que la capacidad fisiológica del individuo ha sido excesivamente sobrepasada, esto quiere decir, los músculos y las reservas de energía de los mismos no están siendo adecuadamente repuestas después de la actividad física. Cuando la fatiga se vuelve crónica, la causa más frecuente es el trabajo intenso sin el descanso adecuado.

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¿Qué causa el dolor?

Entre las explicaciones más comunes sobre las causas de los dolores musculares se incluyen la acumulación de ácido láctico, los espasmos musculares, o los daños producidos en la estructura interna del propio músculo. Paulatinamente, las últimas investigaciones sobre este tema han ido descartando a las dos primeras, siendo en gran parte la explicación del daño muscular, la que se ha instalado como causa con una sólida base científica.

Se ha descubierto que los movimientos que causan el dolor muscular producen un daño localizado en las membranas de la fibra muscular y de los elementos contráctiles. Irritantes químicos son liberados por las fibras dañadas y pueden irritar los receptores del dolor en el músculo. Este daño causa con frecuencia la inflamación del tejido muscular.

Disminución del Dolor

Las personas que padecen de dolor y músculos rígidos y doloridos no podrán practicar ni desempeñarse a su máximo potencial.

Por esto, más allá del uso de hielo, drogas antiinflamatorias y de fisio-kinesioterapia, la primera medida es la indicación de un nuevo programa de entrenamiento, el cual deberá aumentar de manera gradual y progresiva la intensidad y duración durante varias semanas con el fin de prevenir o reducir el dolor, la debilidad y las lesiones.

Más aún, la fase temprana del programa de entrenamiento deberá reducir al máximo los movimientos innecesarios que tengan componentes excéntricos o negativos como la carrera cuesta abajo y los saltos pliométricos (un tipo de ejercicios diseñados para reproducir movimientos, rápidos, explosivos y potentes, que no solo mejoran tu fuerza y tu rapidez, ayudando al cuerpo a obtener la máxima fuerza en el menor tiempo posible, sino que ayudan a mejorar la técnica de carrera e incluso a prevenir lesiones)

Al entrenar para carreras a campo traviesa y otras actividades en las que los movimientos excéntricos no se pueden evitar, los entrenadores tendrán que esperar más tiempo para que el músculo se recupere.

“Un músculo dolorido es un músculo dañado” y como a cualquier tejido dañado, se le debe dar tiempo para que se recupere; este proceso puede necesitar de días adicionales de entrenamiento ligero, después de un día de entrenamiento que causó un fuerte dolor muscular.

El entrenamiento consiste en “exigir un poco más de lo que el cuerpo daría de un forma más cómoda, para así conseguir mejorar en nuestro rendimiento“.

Percepción del dolor

El dolor que el cerebro proyecta por la función muscular tiene bastante margen de seguridad. Esto quiere decir que el dolor no aparece justo en el límite a partir del cual es muy probable la lesión o destrucción del su tejido: aparece antes.

No solo es el músculo y el metabolismo el que puede marcar el rendimiento deportivo. La valoración que hace el cerebro de una situación condiciona el rendimiento físico. Un corredor que se ve en el km 40 de un maratón medianamente bien, es capaz de cambiar el chip de sensaciones y hacer esos últimos 2 km con verdadera euforia sin hacer caso al dolor.

De todas formas hay que mejorar los aspectos más flojos de cada deportista, para aumentar el rendimiento y evitar lesiones.

El cerebro es capaz de modificar ese margen de seguridad que marca la sensación de dolor en función del contexto. El objetivo del ejercicio físico, del deporte, puede apagar el dolor para permitir la consecución de ese objetivo. Eso puede ser peligroso, te puede colocar en una situación de alto riesgo para hacerte daño.

Lo podemos ver en entrenamientos para maratones, en donde el efecto anestésico de los neurotransmisores nos permite, no sólo alargar las sesiones, sino también la intensidad de las mismas; sin embargo por poner un ejemplo, el cartílago articular no sabe nada de esas sensaciones placenteras y poco a poco su espesor va disminuyendo ante la agresión que supone un impacto continuo, hasta que llega el tan temido roce de hueso con hueso, en donde el dolor se hace presente de una forma crónica.

Cuando estiras demasiado la zancada, tus pies se apoyan delante de tu centro de gravedad y aterrizan con fuerza en el talón. Este impacto se traslada directamente a las rodillas, que no están pensadas como amortiguadores. Además, al clavar el talón en el suelo estás frenando tu movimiento hacia delante, gastando más energía. La forma de evitarlo es adelantar el cuerpo y dejar que el pie aterrice por detrás de tu centro de gravedad.

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https://elpiscolabis.com/2015/09/06/arturo-goicoechea-habla-sobre-el-dolor/

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