Nutrición

Alimentación sana?

Para estar sanos, la alimentación es esencial. En el equilibrio permanente en el que nos movemos con el entorno, los alimentos que ingerimos son fundamentales, porque la alimentación puede tener un papel equilibrador o desequilibrador sobre nuestra salud.

Últimamente se han puesto muy de moda los alimentos saludables, productos que supuestamente ofrecen beneficios para nuestra salud. Pero ante estos alimentos saludables se nos despiertan dos cuestiones: ¿cómo sabemos si un alimento en concreto es sano?; y, por otro lado, ¿qué beneficio sanitario específico produce un alimento sano?

“Antes de afirmar si un alimento es sano, tenemos que conocer qué idea tenemos de salud”.

Así podremos identificar qué alimentos son sanos. Podemos entender la salud como el “perfecto estado de bienestar físico, mental y social”, tal y como la define la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según esta idea, la salud no es la ausencia de enfermedad; tampoco es el correcto funcionamiento fisiológico. Es algo más: es “estar bien” (bien-estar) en lo físico, en lo mental y hasta en nuestras relaciones sociales. Esta definición de salud parece más relacionada con la felicidad que con la enfermedad. Bajo este mismo prisma, la alimentación sana sería aquella que nos hace “estar mejor” en cualquier ámbito de nuestra vida, sea el físico o el social.

Si reducimos el nivel de exigencia y nos acercamos al ámbito médico, podemos entender la salud como la ausencia de enfermedad, como el buen funcionamiento de nuestro organismo. En este caso una alimentación sana sería la que previene enfermedades y permite que nuestro cuerpo funcione bien. Si hablamos de los niños africanos afectos de kwashiorkor, es sencillo identificar el problema que ha producido una dieta carente de proteínas y que esos niños se beneficiarían de un aporte adecuado de las mismas. En nuestro entorno podríamos pensar en los efectos perniciosos del exceso de sal en la insuficiencia cardíaca, o de los hidratos de carbono de absorción rápida en la diabetes. En estos ejemplos los beneficios de sanitarios de una dieta adecuada son incontestables.

Pero si equiparamos el nivel de exigencia al de la OMS, aunque no haya un problema concreto orgánico relacionado con la alimentación, un alimento es sano si nos hace sentirnos bien. No hablamos de enfermedades, sino de percepción de bienestar. Y aquí se abren multitud de derivadas. Si decimos que un buen vino con jamón extremeño y con compañía amigable es muy sano, ¿lo decimos por los beneficios físicos, por los mentales o por los sociales? Cuando se insiste en la importancia de consumir productos ecológicos, naturales o sin elaborar, ¿es porque se sabe objetivamente que existe un beneficio fisiológico, o porque quien los consume se siente mejor, personalmente o con su entorno?

Los alimentos eco, bio y orgánicos tienen un origen similar. Su fuente, que es natural. Ponemos natural en cursiva y en rojo porque resulta muy complejo precisar lo que es natural, pero aquí se entiende como la ausencia de productos químicos artificiales. Los productos artificiales serían aquellos elaborados por el ser humano, como pesticidas, antibióticos o fertilizantes. En los productos eco (de ecológicos) la producción ha conservado un equilibrio con el medio ambiente que rodea toda la cadena alimentaria. Los bio no han sido alterados genéticamente para cambiar alguna de sus características, como el color, el tamaño o el sabor. Y los productos orgánicos mantienen sus componentes originales, tanto si es un plato cocinado (un postre) como si es un alimento de la tierra. Por ello los más auténticos, de nuevo en cursiva y en rojo, serían los eco, después los bio y finalmente los orgánicos.

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El Libro Blanco de la Nutrición en España, fruto de un convenio de colaboración entre la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y la Fundación Española de la Nutrición (FEN), trata con detalle los aspectos más relevantes de la nutrición. Desde los nutrientes hasta la dieta y el estado nutricional de nuestra población. Se ofrecen consejos generales, por sexos y según las situaciones fisiológicas y etapas más importantes de la vida: la mujer gestante y el lactante, la edad infantil, la adolescencia, las personas mayores. También se hacen consideraciones sobre cómo afectan a la nutrición las variables geográficas, socioeconómicas, la ocupación laboral o la inmigración; todo ello avalado con datos y el máximo rigor científico.

Poniendo algunos ejemplos, una de las cuestiones que se señalan en el Libro Blanco es que antes de fortalecer o enriquecer una dieta se debe comprobar la existencia de una carencia o de un riesgo real de ello, así como la conveniencia del alimento o del ingrediente añadido en el conjunto de dicha dieta.

Tanto en el Libro Blanco, como en otros documentos nacionales e internacionales de consenso, se afirma que determinados alimentos pueden perjudicar a personas concretas. Pensemos en las grasas saturadas y los enfermos que han sufrido un infarto de miocardio. Sin embargo, no hay referencia a los alimentos eco, bio u orgánicos, porque no existen estudios científicos que avalen sus ventajas sanitarias, entendida aquí la salud como el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Si ampliamos el concepto de salud al de bienestar psíquico y social, es evidente que los alimentos eco, bio u orgánicos pueden ser sanos. Aunque para muchos la cultura del bienestar es producto de los excesos de los países desarrollados, donde las necesidades básicas están cubiertas y se buscan otras nuevas, no debemos desdeñarla porque vivimos inmersos en ella. José Ortega y Gasset señalaba que “las necesidades humanas son objetivamente superfluas y solo se convierten en necesidades para quien necesita el bienestar y para quien vivir es, esencialmente, vivir bien”.

Para mucha gente consumir alimentos eco, bio u orgánicos es una verdadera necesidad, una cuestión de salud por el bienestar que les produce, individual y socialmente. Pero para que los médicos podamos recomendarlos, aún queda mucho camino por recorrer.

“La falacia naturalista nos llevaría a identificar lo bueno con lo natural”.

Dejando de lado las dificultades que entraña saber qué es lo natural, si nos confiamos a la falacia ante una infección cutánea deberíamos dejar que la naturaleza actúe; pero también podemos ser artificiales y usar antibióticos. El rigor científico en medicina tiene que servir para eliminar prejuicios y buscar las mejores soluciones a los problemas de salud, sean estas naturales o artificiales.

Referencias:

1-Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int/es/

2-Sociedad Española de Nutrición: www.sennutricion.org
3-Libro blanco de La nutrición en España. Fundación Española de la Nutrición (FEN), 2013. Disponible en: http://www.sennutricion.org/es/2013/03/01/libro-blanco-de-la-nutricin-en-espaa-2013

4-Diccionario de la lengua española: http://dle.rae.es

5-José Ortega y Gasset. Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Revista de Occidente en Alianza Editorial, Madrid, 1982.

http://www.univadis.es/editorials/608/Bio-eco-nos-estamos-pasando?utm_source=adhoc+email&utm_medium=email&utm_campaign=adhoc_editorial-bio-eco_email_uniannouncement_spa-es_20170308&utm_content=1304803&utm_term=

 

 

 

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